Salud mitocondrial.

 

Las contracciones y relajaciones musculares, las cascadas bioquímicas del organismo, la regeneración celular, la detoxificación… requieren energía; y las mitocondrias son la fuente más importante de energía. También actúan como moléculas de señalización de la apoptosis (muerte celular programada) cuando la función mitocondrial no es la adecuada debido principalmente a un exceso de radicales libres.

Sin una buena función mitocondrial no es posible mantener un buen estado de salud. Todo lo que pasa en cada célula de nuestro cuerpo precisa de energía y, como las mitocondrias son esenciales para el proceso de generación, su optimización es básica para una buena salud celular. De hecho, envejecemos por la progresiva degeneración celular.

El proceso de generación de energía empieza en el citosol celular, en un proceso denominado glucólisis (10 reacciones enzimáticas consecutivas que convierten una molécula de glucosa en dos moléculas de piruvato), y en la matriz mitocondrial se realiza el proceso del Ciclo de Krebs, del cual sus derivados se utilizan en las reacciones posteriores de fosforilización oxidativa para producir ATP (energía). En este último punto es muy importante la función de la mitocondria para terminar correctamente el proceso ya que si no finaliza, conlleva a la generación de radicales libres (súper óxidos).

Es importante señalar que los radicales libres son también necesarios y con funciones beneficiosas pero un exceso y, sobretodo los radicales súper óxidos, provocan daño celular. El cuerpo tiene mecanismos de reparación de estos radicales libres pero si queremos mantener una buena salud celular, el objetivo será minimizar su generación y maximizar los mecanismos de reparación.

Cuando realizamos actividad física generamos radicales libres. Realizar de forma adecuada esta actividad física generará una cierta cantidad de radicales libres que son necesarios como señalizadores celulares indicando la necesidad, ya sea de más mitocondrias (tenemos entre 500 y 1.500 mitocondrias en cada célula) o de mejorar su eficacia. Es por ello que la actividad de forma regular mejora nuestro rendimiento físico. Se ha demostrado que el ejercicio regula positivamente genes como la PGC-1α y el Nrf2 los cuales ayudan a la eficacia mitocondrial, a su desarrollo y a su división.

Una alimentación muy alta en carbohidratos no es recomendable para la salud celular ya que provoca que el cuerpo no utilice grasas como combustible y, a su vez, este exceso de carbohidratos origina un mayor estrés oxidativo al utilizarlo como fuente de energía.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es la hora que cenamos. Cuando dormimos nuestro organismo no precisa de mucha energía y si cenamos tarde el cuerpo puede acumular energía ATP pero no utilizarla. Cuando dormimos nuestras células realizan la función de limpieza, detoxificación y regeneración, y es importante priorizar estas funciones en lugar de generar energía y radicales libres.

A nivel de nutrientes para la mitocondria, lo más importante es que no estemos “bajos” de ningún micronutriente, es decir, que “no nos falte de nada”.

El magnesio, con más de 300 funciones enzimáticas, es un nutriente muy importante en la generación de energía mitocondrial. El estrés y la baja cantidad de magnesio en los alimentos en la actualidad, nos dificulta tener unos óptimos niveles.

La CoQ10 y la PQQ (Pyrroloquinoline, sustancia similar a las vitaminas y parecida a la CoQ10) son vitales para garantizar un buen estado celular. Además, la PQQ estimula la biogénesis mitocondrial.

Finalmente, la D-Ribosa, un azúcar que no afecta a los niveles de glucosa, puede ser un suplemento interesante principalmente para personas con una dieta baja en carbohidratos. La D-Ribosa, aunque el propio cuerpo la produce pero no con mucha rapidez, al entrar dentro de la célula se convierte en la base de la adenosina, que al final creará energía ATP.